Skip to main content

Blog entry by n. ismail

Todas las alabanzas sean para Al-lah, Señor de los Mundos, Quien sostiene los cielos sin pilares, Quien ordena el sustento y el destino con Su perfecta sabiduría. Que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con el maestro de quienes buscan la ayuda de su Señor, y el líder de quienes confían en su Creador, nuestro Profeta Muhammad, que la paz y las bendiciones sean con él, quien guió a su nación por la mejor manera de confiar en su Señor y buscar Su ayuda, con su familia y compañeros que obedecieron los mandamientos de Dios de la mejor manera.

¡Oh, Al-lah! En Ti buscamos ayuda, en Ti nos encomendamos, Tú nos bastas, y eres el mejor de los protectores.

Buscar la ayuda de Dios, Glorificado sea, es la esencia y el núcleo de la sumisión, y un reconocimiento por parte del siervo de su absoluta dependencia de su Señor, el Rico y Digno de Alabanza. No se trata simplemente de un eslogan dicho con la lengua, sino de una profunda humildad ante Dios y la firme convicción de que no hay poder ni fuerza sino en Él.

Al-lah, Alabado sea, ha hecho de la búsqueda de Su ayuda un pilar que se repite en cada ciclo de la oración. Enaltecido sea dice: “solo a Ti te adoramos y solo de Ti imploramos ayuda”.  [El Corán, traducción comentada, Isa García 01:05]. La primacía de la adoración sobre la búsqueda de ayuda indica que quien es sincero en su adoración a Dios, Él lo ayudará, y que la verdadera ayuda solo se busca de Aquel que es el único digno de adoración, sin asociarle nada.

Buscar la ayuda de Dios no es flojera ni abandono de los medios, sino combinar el uso de medios legítimos con la confianza del corazón en el Señor de todas las causas y su Originador, no en los medios mismos.

Numerosos textos del Libro de Dios y la Sunnah de Su Mensajero, que la paz y las bendiciones sean con él, ordenan buscar la ayuda de Dios y explican su virtud. Dios, Enaltecido sea, dice: “Busquen socorro en la paciencia y la oración. El cumplimiento de la oración es difícil, excepto para los que se someten humildemente [a Dios]”. [02:45].

Este es un mandamiento completo: la paciencia refrena el alma de la desesperación, y la oración la conecta con su Señor, el Auxiliador, Alabado sea.

También, Glorificado sea, dice: “La victoria proviene de Dios, el Poderoso, el Sabio”. [03:126]. Ni la gran cantidad de personas ni la abundancia de recursos sirven de nada si no van acompañadas de una sincera confianza en Dios.

El Profeta, que la paz y las bendiciones sean con él, instruyó a su nación a buscar la ayuda de Dios en todo asunto, grande o pequeño. Entre sus mejores consejos sobre este asunto se encuentra lo narrado por Abdullah ibn Abbas, que Dios esté complacido con ambos, quien dijo: El Mensajero de Dios, que la paz y las bendiciones sean con él, dijo: “¡Oh, joven! Te enseñaré algunas palabras: Sé consciente de Dios, y Él te protegerá. Sé consciente de Dios, y lo encontrarás ante ti. Cuando pidas, pídele a Dios; y cuando busques ayuda, búscala en Dios. Sabe que, si toda la nación se uniera para beneficiarte de alguna manera, no podrían beneficiarte sino con lo que Dios ya ha decretado para ti. Y si se unieran para perjudicarte de alguna manera, no podrían perjudicarte sino con lo que Dios ya ha decretado contra ti. Las plumas se han levantado y las páginas se han secado”. (Narrado por al-Tirmidhi y autenticado por al-Albani).

Así, el Profeta, que la paz y las bendiciones sean con él, instó a pedir y buscar ayuda únicamente en Dios, pues el bien y el mal están en manos de Dios, Alabado sea, y toda la creación no posee nada para sí misma ni para los demás excepto con Su permiso.

También dijo: “Busca con ahínco lo que te beneficia, busca la ayuda de Dios y no te flojees”. (Narrado por Muslim). Este hadiz combina dos grandes principios: tomar medidas beneficiosas y confiar en Dios, a la vez que prohíbe la flojera y la pereza.

Entre las súplicas del Profeta, que la paz y las bendiciones sean con él, se encuentra: “¡Oh, Al-lah! me refugio en Ti de la preocupación y la aflicción, me refugio en Ti de la indefensión y la pereza, me refugio en Ti de la cobardía y la avaricia, y me refugio en Ti de ser abrumado por las deudas y la opresión de los hombres». (Relatado por Al-Bujari). Se acude a Dios y busca refugio en Él de las causas de la debilidad y la impotencia, confiando en el Fuerte, el Firme.

Cuando un siervo es sincero al buscar ayuda de su Señor, su situación se transforma de debilidad a fortaleza, de ansiedad a tranquilidad y de confusión a firmeza. Allah, Enaltecido sea, dice: “Quien deposite su confianza en Dios, sepa que Él le será suficiente. Dios hará que el designio se cumpla, y ha establecido para cada cosa un término y una medida”. [65:3].

Quien tiene a Allah como el Suficiente, Él le bastará en toda preocupación y le aliviará toda dificultad.

El Profeta, que la paz y las bendiciones sean con él, solía suplicar con frecuencia: “¡Oh, Viviente Eterno, oh, ¡Sustentador! Por Tu misericordia busco ayuda. Arregla todos mis asuntos y no me entregues a mí mismo, ni por un instante”. (Narrado por An-Nasa’i y Al-Hakim, y autenticado por Al-Albani). Esta es la máxima expresión de confianza en Al-lah, dependencia de Él y no de uno mismo ni de las propias fuerzas; pues el alma es débil a menos que Al-lah la sostenga con Su ayuda y guía.

En el ámbito de la dawa, la necesidad del que invoca de buscar la ayuda de su Señor es primordial. Pues, se enfrenta a la diversidad de temperamentos, a la variedad de dudas y a las vicisitudes de la vida, y solo aquellos a quienes Dios fortalece, permanecerán firmes en este camino. Por lo tanto, que su corazón esté unido a su Señor, su lengua humedecida con Su recuerdo, y que comience sus acciones con súplica. Que tenga la certeza de que la guía está solo en manos de Dios, y que cuando Él, en Su gloria, ayuda a Su siervo, le abre las puertas del bien, bendice sus palabras y obras, y le concede la aceptación en la tierra.

En conclusión, pedimos a Dios, el Altísimo, el Todopoderoso, que nos cuente entre aquellos que buscan sinceramente Su ayuda, que confían verdaderamente en Él, que tienen la certeza de que todo bien está en Sus manos.

¡Oh, Al-lah! En Ti buscamos ayuda, así que ayúdanos; en Ti confiamos, así que concédenos tu amparo; a Ti nos volvemos, así que líbranos de todo lo que nos aleja de Ti. ¡Oh, Al-lah! No nos abandones a nuestra suerte, ni a ninguna de Tus criaturas, ni siquiera por un instante, y endereza todos nuestros asuntos.

Que la paz y las bendiciones de Dios sean con nuestro Profeta Muhammad, su familia y todos sus compañeros. Toda alabanza sea para Dios, Señor de los Mundos.