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Todas las alabanzas son para Al-lah, quien hizo de la familia un pacto solemne, infundió amor y misericordia entre sus miembros y ordenó la reconciliación entre las personas, convirtiéndola en uno de los actos de adoración más nobles y de obediencia más elevados. Que la paz y las bendiciones sean con nuestro Profeta Muhammad, quien fue el más misericordioso con su familia y el que más cuidaba la unión y reconciliar entre las personas, y con su familia y todos sus compañeros.

¡Oh, Allah! Ayúdanos en todas las situaciones, une nuestros corazones, guíanos por los caminos de la paz y haznos llave del bien y protección contra el mal. En verdad, Tú eres el que todo lo oye y el que responde.

La familia es el primer pilar de la estructura social. Si es recta, toda la sociedad lo será, pero si es lo contrario, la sociedad se debilita y se desune. Por lo tanto, el Islam ha otorgado gran importancia a la familia y ha hecho de la preservación de su cohesión y estabilidad uno de los principales objetivos de la ley islámica.

Al-lah, Enaltecido sea, dice: “Entre Sus signos está haber creado cónyuges de entre ustedes para que encuentren sosiego, y dispuso entre ustedes amor y misericordia. En ello hay signos para quienes reflexionan”. (El Corán, traducción comentada, Isa García 30:21).

El amor y la misericordia son la esencia misma de la vida familiar, y si se debilitan o se desequilibran, surgen problemas y disputas que amenazan la estabilidad y la felicidad del hogar.

Por consiguiente, esforzarse por corregir a la familia y resolver sus conflictos se encuentra entre las acciones más nobles y los mayores actos de devoción, en obediencia al mandato de Dios, Enaltecido sea, de reconciliar a las personas. Él, Exaltado sea, dice: “Si dos grupos de creyentes combaten entre sí, intenten reconciliarlos”. (49:09)

Si bien la reconciliación es necesaria en todo conflicto, es aún más crucial en las disputas familiares debido a sus profundas consecuencias para los cónyuges, los hijos y la sociedad en su conjunto.

El Islam ha engrandecido enormemente la recompensa de las personas que reconcilian entre otras. Dios, Enaltecido sea, dice: “En la mayoría de las conversaciones secretas no hay ningún bien, excepto las que sean para coordinar una ayuda social, hacer una buena acción o reconciliar entre las personas. A quien lo haga anhelando complacer a Dios, lo agraciaré con una grandiosa recompensa”. (04:114)

El Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, también dijo: “¿Acaso no les informaré de algo mejor que el ayuno, la oración y la caridad?”. Dijeron: “Sí, ¡oh Mensajero de Dios!” Él dijo: “La reconciliación entre las personas, pues la discordia entre ellas es como una navaja; no digo que afeite el cabello, sino que afeita la religión”.

Esto demuestra la inmensa importancia de la reconciliación y que su impacto se extiende más allá de la resolución de disputas, preservando la religión y la sociedad de las causas de la división y la enemistad.

Para que un mediador tenga éxito en su misión, debe poseer sabiduría, magnanimidad y gentileza. Un mediador no es un juez que busca condenar a una de las partes, sino más bien un médico que se esfuerza por sanar heridas, reconciliar corazones y restaurar la confianza entre quienes están en conflicto.

Entre las cualidades más importantes de un mediador eficaz se encuentran escuchar a todas las partes con justicia e imparcialidad, guardar los secretos, evitar prejuicios y recordar a los cónyuges la bondad y la virtud que comparten, como dice Dios, Enaltecido sea: “En lugar de eso, traten amablemente a las mujeres en la convivencia”. (04:19)

También, debe recordarles que el perdón es esencial para un amor duradero y una vida matrimonial estable, como dice, Glorificado sea: “y esto es lo más próximo a la piedad. Y no olviden lo bueno que hubo entre ustedes; Dios ve todo lo que hacen.” (02:237)

El Mensajero de Dios, que la paz y las bendiciones sean con él, fue un ejemplo a seguir en la reconciliación entre las personas, esforzándose por unir corazones y fomentar la armonía. Por su misericordia hacia la comunidad musulmana, permitió al mediador expresar palabras amables o elegir frases que acercaran a las partes en conflicto, siempre que su intención fuera la reconciliación. Él, que la paz y las bendiciones sean con él, dijo: «No es mentiroso quien reconcilia a las personas, transmitiendo el bien o diciendo palabras buenas».

El mediador sabio siempre recalca a los cónyuges que la vida matrimonial no está exenta de errores y defectos, y que la paciencia y el perdón de las faltas son esenciales para la continuidad de la relación y la preservación del amor. Dios, Enaltecido sea, dice: “pues un acuerdo [justo] es lo mejor”. (04:128)

Cuántos hogares estuvieron al borde del colapso, y que luego fueron devueltos a la estabilidad por Dios mediante una palabra sincera, un consejo afectuoso o una mediación sabia. ¿Cuántas familias se salvaron del divorcio y la pérdida gracias a un mediador que buscó la complacencia de Dios y se esforzó por reunirlas y apagar las llamas de la discordia?

En conclusión, pedimos a Dios, el Generoso, Señor del Trono Poderoso, que una los corazones de los cónyuges, que llene nuestros hogares con amor, misericordia y tranquilidad, y que nos conceda sabiduría hecho y dicho.