
Todas las alabanzas son para Dios, quien dijo en Su Libro Sagrado:
“Recuérdenme que Yo los recordaré”.
Y que mucha paz y las bendiciones de Al-lah sean con nuestro Profeta Muhammad, quien recordó a Dios en todas las circunstancias, y con su familia y compañeros, cuyos corazones fueron iluminados por el recuerdo de su Señor.
La predicación es un noble acto de adoración que solo da fruto con un corazón vivo y conectado con Dios, Enaltecido sea. Lo más grande que reaviva el corazón y fortalece la conexión con Dios es el recuerdo constante de Él, pues es la verdadera provisión del predicador, su arma más poderosa y su faro más alto. Pedimos a Dios que nos incluya entre quienes lo recuerdan con frecuencia.
¡Oh, noble predicador¡ Recordar a Dios no es simplemente recitar súplicas en momentos específicos y luego olvidarlas. Más bien, es la fuente de la que obtienes tu fuerza espiritual, tu sólido sustento y la pureza de tu corazón. El predicador que se obsesiona con la predicación y descuida el recuerdo de su Señor es como un árbol privado del agua, que se marchita lentamente hasta perder su vitalidad.
Los beneficios del recuerdo para el predicador:
1. Guía y bendición divinas: El recuerdo es causa de tranquilidad y misericordia, como dice Al-lah, Enaltecido sea: “Los corazones de los creyentes se sosiegan con el recuerdo de Dios. ¿Acaso no es con el recuerdo de Dios que se sosiegan los corazones? (13:28).
Un corazón tranquilo es la mayor herramienta para la influencia y la elocuencia.
2. Fortalece la conexión y la sinceridad: El recuerdo renueva la intención, aviva la sinceridad y protege al predicador de que su vocación se convierta en un simple trabajo. El Profeta, que la paz y las bendiciones sean con él, dijo: “El ejemplo de quien recuerda a su Señor y el de quien no lo recuerda es como el de los vivos y los muertos.” (Narrado por Al-Bujari)
3. Sabiduría y Perspicacia: Un corazón conectado con Dios a través del recuerdo es iluminado por la luz divina, y Dios le concede sabiduría en palabra y obra, como dice, Enaltecido sea:
“Sepan que a quien tenga temor de Dios, Él le dará una solución, y le dará sustento de donde no lo esperaba”. (65:2-3).
Nuestro Profeta, que la paz y las bendiciones sean con él, fue el ejemplo perfecto del recuerdo constante de Dios en todas las circunstancias: de pie, sentado, acostado, en tiempos de paz y de guerra, en privado y en público. Su predicación a la fe fluyó de un corazón que nunca dejó de recordar a su Señor, ni siquiera por un instante. La forma más grande y sublime de remembranza era: "No hay nada ni nadie que merece ser adorado excepto Al-lah, sin asociados. A Él pertenecen el dominio y la alabanza, y Él es sobre toda cosa Poderoso". El Profeta, que la paz y las bendiciones sean con él, describió su recompensa como "equivalente a liberar a un esclavo" (narrado por Abu Dawud y At-Tirmidhi).
Un consejo para todo predicador:
Mantén tu lengua húmeda con el recuerdo de Dios, y que tu lema sean las palabras del Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él:
"Que tu lengua esté siempre húmeda con el recuerdo de Dios" (reportado por At-Tirmidhi e Ibn Mayah).
Porque el recuerdo es el secreto de tu fuerza, la clave de tu éxito y la esencia misma de tu vocación.
Pedimos a Dios que nos incluya entre sus siervos que lo recuerdan con frecuencia, que agradezcan sus bendiciones y favores, y que ilumine nuestros corazones con su recuerdo y obediencia. Y que la paz y las bendiciones de Dios sean con el maestro de quienes lo recuerdan, Muhammad, el mejor de toda la creación, y con su familia y compañeros. Toda alabanza sea para Dios, Señor del Universo.