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Blog entry by n. ismail

Todas las alabanzas son para Al-lah, quien hizo de la sabiduría una luz que ilumina los corazones de los creyentes y un criterio para discernir entre la verdad y la falsedad en los dichos y hechos. Que la paz y las bendiciones sean con el maestro de los sabios, a quien se le concedió la elocuencia completa, y cuyos comportamientos se basaron en la sabiduría y la justicia: nuestro Profeta Muhammad, con su familia y todos sus compañeros.

¡Oh, Al-lah! Llena nuestros corazones con la luz de Tu sabiduría, guíanos por el camino recto y dirige nuestra lengua y nuestros miembros hacia lo que amas y te complace. Haznos entre los sabios en los dichos y hechos.

La sabiduría no es simplemente un vasto conocimiento o una inteligencia aguda; más bien, es un don de Al-lah, enaltecido sea, otorgado a quien Él quiere de Sus siervos. Da fruto en buena conducta, buen juicio y control de la lengua y los órganos. Dios valora enormemente la sabiduría, considerándola una gran bendición. Él, Alabado sea, dice: “Dios concede la sabiduría a quien quiere, y sepan que a quien le haya sido concedido este don ha recibido una gracia inmensa. Solo reflexionan los dotados de intelecto”. [El Corán, traducción comentada, Isa García 02:269]

La acción sabia es el fruto evidente de esta sabiduría, pues combina entre decir la verdad, considerar con prudencia las acciones, refrenar la lengua ante la precipitación y controlar las emociones ante el enojo. ¡Cuántas palabras imprudentes han arruinado una amistad, y cuántas acciones precipitadas han destruido el buen carácter forjado a lo largo de varios años!

El verdadero creyente sopesa sus palabras y acciones según la ley y la razón islámicas, recordando el dicho del Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él: «La sabiduría es la posesión perdida del creyente; dondequiera que la encuentre, mayor es su derecho a ella». (narrado por At-Tirmidhi e Ibn Majah, y autenticado por Al-Albani). Busca la sabiduría dondequiera que la encuentre y la convierte en su guía en las situaciones y momentos cruciales de la vida.

Quien examine el Libro de Al-lah y la Sunnah de Su Mensajero, que la paz y las bendiciones sean con él, encontrará repetidamente la guía que enseña basar las acciones en la sabiduría y el buen juicio. Al-lah, Enaltecido sea, ordenó la gentileza en el hablar, incluso con los opresores más tiránicos. Les dijo a Moisés y Aarón, que la paz sea con ellos, cuando los envió a el Faraón: “pero háblenle cortésmente, para hacerlo entrar en razón o sienta temor de Dios”. [20:44]. Esta es la máxima expresión de sabiduría en la dawa y el trato con las personas.

Dios, Alabado sea, también ordenó la moderación al caminar y al hablar en voz baja, diciendo: “Sé modesto en tu andar y habla sereno, que el ruido más desagradable es el rebuzno del asno”. [31:19]. Asimismo, describió a los siervos del Misericordioso diciendo: “Los siervos del Misericordioso son aquellos que caminan sobre la faz de Tierra con humildad, y cuando son increpados por los ignorantes les responden [con palabras de] paz”. [25:63]. Todo esto cultiva en el creyente el razonamiento, la buena conducta y el autocontrol emocional, que se encuentran entre las mayores manifestaciones de la sabiduría.

El Profeta, que la paz y las bendiciones sean con él, encarnó la sabiduría en su forma más hermosa en todas sus acciones. Por ejemplo, cuando el ángel de las montañas se le apareció tras el daño infligido por la gente de Ta'if, ofreciéndole aplastarlos entre las dos montañas, no sucumbió al deseo de venganza. En cambio, dijo: «Espero que Dios haga surgir entre ellos a quienes adoren solo a Dios, sin asociarle nada». (relatado por Al-Bujari y Muslim). Consideró las consecuencias de sus actos y priorizó el beneficio de la dawa sobre la venganza.

De igual modo, el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, siempre consultaba a sus compañeros. Los consultó sobre las batallas de Badr y Uhud, y siguió el consejo de Al-Hubab ibn Al-Mundhir respecto a la elección del lugar de la batalla. También aceptó el consejo de Umm Salamah, que Dios esté complacido con ella, el día del Hudaybiyyah, cuando ella le sugirió que comenzara a sacrificar su ofrenda y afeitarse la cabeza. Esto resultó ser la solución a la crisis. Esta es la sabiduría que no impone la propia opinión ni menosprecia a los demás, sino que sitúa cada asunto en su contexto adecuado y elige el medio más apropiado y misericordioso.

La sabiduría en el comportamiento no significa vacilación ni debilidad, sino más bien situar cada acción en su lugar apropiado: la valentía en su contexto adecuado, la paciencia en su contexto adecuado, el silencio en su contexto adecuado y la ira por amor a Dios en su contexto adecuado. Esto requiere autocritica, esfuerzo por controlar los propios deseos y paciencia antes de emitir juicios o tomar posturas.

El Profeta, que la paz y las bendiciones sean con él, dijo: «La persona fuerte no es la que gana la pelea, sino la que se controla cuando se enoja». (relatado por Al-Bujari y Muslim). Controlarse ante el enojo es una de las mayores muestras de sabiduría, pues evita muchas palabras y acciones que llevan al arrepentimiento.

Por lo tanto, la persona sabia no habla de manera hiriente ni actúa impulsivamente de forma que se perjudique a sí misma o a los demás, porque sabe que es responsable ante Dios por cada palabra y acción, y que las personas se ven influenciadas por su comportamiento antes que sus palabras, y observan sus acciones antes de escuchar sus consejos.

Finalmente, pedimos a Dios, el Sabio, que nos conceda sabiduría en nuestras palabras y acciones, que nos inspire buena razón y que nos proteja de los males que hay en nuestro ego y de las consecuencias de nuestras malas acciones. ¡Oh, Al-lah! Ábrenos las puertas de Tu sabiduría, derrama Tu misericordia sobre nosotros, concédenos guía y ayuda, mantennos firmes en la verdad en todo asunto y haz que nuestras palabras y acciones sean únicamente para complacerte.

Que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con nuestro Profeta Muhammad, el líder de los sabios, cuyo carácter se reflejaba en el Corán, con su familia y todos sus compañeros. Toda alabanza sea para Al-lah, Señor de los Mundos.