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Entrada del blog por n. ismail

Published Date: 14 de agosto de 2026

Todas las alabanzas son para Al-lah, quien hizo de los creyentes un solo cuerpo, cuyos miembros se apoyan mutuamente con amor, misericordia y cooperación, y quien ordenó ordenar el bien y prohibir el mal para proteger a las sociedades de las causas de la corrupción y la perdición. Que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con el maestro de los reformadores, a quien su Señor dijo: “No te he enviado [¡oh, Muhámmad!] sino como misericordia para todos los seres”. [El Corán, traducción comentada, Isa García 21:107], nuestro Profeta Muhammad, y con su familia y compañeros, quienes fueron la mejor nación que haya surgido de la humanidad, invitando a hacer buenas acciones, ordenando el bien y prohibiendo el mal.

¡Oh, Al-lah! Haznos llave del bien y cerradura del mal, y utilízanos en reformar nuestras sociedades, y no nos reemplaces. Inspíranos con tu guía y protégenos del mal que hay en nosotros.

La vida de las sociedades no puede ser recta sino mediante los esfuerzos de los reformadores, ni puede prosperar sino mediante los esfuerzos conjuntos que abordan sus problemas. El islam es una religión de reforma integral. No se limita a exigir la adoración individual, sino que obliga al musulmán a ser un miembro activo en su comunidad, contribuyendo en solucionar sus males, corregir sus deficiencias, satisfacer las necesidades de la gente y obrar por su bienestar.

Al-lah, Enaltecido sea, orientó a esta nación a llevar el mensaje de la reforma, diciendo: “[¡Musulmanes!] Son la mejor nación que haya surgido de la humanidad porque ordenan el bien, prohíben el mal y creen en Dios”. [03:110]. La mejoría de esta nación está ligada al cumplimiento de su deber de reforma, a su contribución en la difusión del bien y en su lucha contra el mal, pues ordenar el bien y prohibir el mal es la salvaguarda y la fortaleza inexpugnable de la sociedad.

El islam no solo fomenta la reforma en general, sino que hace de la contribución en el servicio de la sociedad una responsabilidad inherente a cada musulmán, según su posición y capacidad. El Profeta, que la paz y las bendiciones sean con él, dijo: «Cada uno de ustedes es un pastor, y a cada uno se le preguntará por su rebaño». (relatado por Al-Bujari y Muslim). El pastor no es solo el gobernante o el padre, sino que toda persona es responsable dentro de su ámbito de influencia y está obligada a cumplir con la confianza que Dios ha depositado en ella.

Entre los mayores estímulos de la ley islámica respecto a la satisfacción de las necesidades de las personas se encuentra el dicho del Profeta, que la paz y las bendiciones sean con él: «A quien alivie a un creyente de alguna angustia mundana, Al-lah lo aliviará de alguna angustia del Día de la Resurrección. A quien alivie las dificultades de un deudor insolvente (es decir, le conceda tiempo o condone su deuda), Al-lah aliviará sus dificultades en la vida mundana y en la Otra Vida. A quien oculte las faltas de un musulmán, Al-lah ocultará sus faltas en la vida mundana y en la Otra Vida. Al-lah sigue ayudando a un siervo mientras este ayude a su hermano». (relatado por Muslim). Este hadiz vincula el servicio a la sociedad con la recepción de la ayuda divina, y convierte la bondad hacia los demás en un medio para obtener Su favor y ayuda en este mundo y en el Más Allá.

La biografía del Profeta está repleta de brillantes ejemplos de sus contribuciones en la reforma social. Un ejemplo de ello es su participación, antes de su profecía, en el Hilf al-Fudul, un pacto moral mediante el cual los de Quraysh se comprometieron a apoyar a los oprimidos, restituir los derechos a sus legítimos dueños y ayudar a los necesitados. Tras su profecía, dijo al respecto: «Presencié en la casa de Abdullah ibn Jud'an un pacto que, si se me pidiera que lo apoyara en el Islam, respondería». (narrado por al-Bayhaqi y autenticado por al-Albani). Esta declaración demuestra claramente la importancia de cooperar en la rectitud y la justicia, apoyar a los oprimidos y alcanzar el bien común.

Cuando el Profeta emigró a Medina, encontró una sociedad que enfrentaba numerosos desafíos sociales, económicos y políticos. Comenzó con la construcción de la mezquita, estableciendo la hermandad entre los Muhajirun de La Meca (inmigrantes) y los Ansar de Medina (ayudantes), y redactando la Constitución de Medina para regular las relaciones entre los diversos sectores de la sociedad. También organizó el mercado, sentando así las bases de una sociedad cohesionada basada en la justicia y la cooperación, y proporcionando, así, un modelo práctico para abordar los problemas sociales con sabiduría y buena gestión.

Para que nuestra contribución en la reforma social sea efectiva, debemos comenzar por reformarnos a nosotros primero, de acuerdo con las palabras de Al-lah: “Sepan que Dios no cambia la condición de un pueblo hasta que ellos no cambien lo que hay en sí mismos”. [13:11]. Luego, extendemos esta reforma a nuestro entorno cercano, pues la familia es el núcleo de la sociedad, y su rectitud es el fundamento de la rectitud de la sociedad. En consecuencia, cooperamos en la rectitud y la piedad, de acuerdo con las palabras de Al-lah, Alabado sea: “sino que cooperen con ellos a obrar el bien e impedir el mal, pero no cooperen en el pecado y la enemistad”. [05:02].

La cooperación es el recipiente en el que se integran los esfuerzos y a través del cual las iniciativas individuales dan fruto. Es el camino para abordar los grandes problemas que las personas no pueden afrontar solas, como la pobreza, la ignorancia, la enfermedad, la desintegración familiar y la erosión de los valores. Una sociedad imbuida de sentido de la responsabilidad es una sociedad vibrante y dinámica, mientras que una sociedad cuyos miembros son pasivos, esperando que los demás cumplan con sus deberes, es una sociedad al borde de perder su fuerza y ​​cohesión.

Finalmente, pedimos a Dios, Enaltecido sea, que nos cuente entre los reformadores sinceros y que nos conceda el éxito para contribuir en la reforma de nuestras sociedades con el conocimiento, la riqueza, el esfuerzo y las opiniones que nos ha otorgado.

¡Oh, Al-lah! Haz de nosotros guías bien guiados y utilízanos para impulsar la reforma. No permitas que ninguno de nosotros sea desdichado ni privado de nada. ¡Oh, Al-lah! Une nuestros corazones, reconcilia entre nosotros, guíanos por los caminos de la paz y sácanos de las tinieblas a la luz.

Que la paz, las bendiciones y la misericordia de Al-lah sean con el maestro de los reformadores, el líder de los de rostro radiante, nuestro Profeta Muhammad, con su familia y todos sus compañeros. Toda alabanza sea para Al-lah, Señor de los Mundos.